| Biblioghetto |
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| Viernes, 15 de Mayo de 2009 00:00 | |
Hacia una biblioteca a punta de talleres de lectura callejeros“Porque la cultura ayuda a un barrio a luchar Todos los domingos desde las diez de la mañana, un grupo de jóvenes cuyo promedio de edad no supera los 18 años, agarran sus mochilas, una d Petecuy, según el documento de la Alcaldía de Santiago de Cali, Cali en Cifras 2008, Más del 15% de la población del barrio Petecuy no sabe leer y escribir. La mayoría de población en Petecuy es de 5 a 9 años con un total de 978, le sigue de 10 a 14 años con un total de 914 y posteriormente de 20 a 24 años con una población de 910. Sobre el Jarillón del Río Cauca en la comuna 6 tenemos que de una población de 1796, 348 de ellas no sabe leer y escribir. El total de la población de Petecuy primera etapa es 9183, 22 de ellos indígenas y 2330 son negros, mulatos o Afrocolombianos. Son siete jóvenes, tres de ellos hombres y el resto mujeres. Todos tienen estudios secundarios. Entre ellos podemos destacar una pintora, un par de gestores culturales, un escritor y cuatro promotoras de lectura. Petecuy en las mañanas de los domingos amanece ebria, en medio de escandalosos equipos de sonido que retumban, en medio de jóvenes hambrientos de vicios, de licor, en medio de riñas, peleas a cuchillo, en medio de rumbitas agónicas y balazos en la madrugada. En su camino a los diferentes lugares donde dictan los talleres de lectura al barrio, estos jóvenes en su andar encuentran vidrios rotos, colillas de cigarrillo, botellas de aguardiente con cunchitos en el fondo, amigos recostados en las esquinas, otros bailando, escuchando rap, salsa, viendo como los habitantes pasan en silencio como si Petecuy fuera un cementerio de hombres vivos.
Sobre el jarillón del Río Cauca de la comuna seis, más exactamente sobre Petecuy encontramos dos bordes contradictorios donde la pobreza y el desplazamiento se comen, literalmente, los días. Ya arriba podemos ver el cuadro de miseria y desdicha. La línea de casas ad portas del Río Cauca son grandes extensiones de tierra que sirven de marraneras y desguazaderos de carros, también de gallineros, de fundidoras de hierro, aluminio y cobre, ah, también funciona un horno donde calcinan huesos de animales. Paralelo a esta línea encontramos casuchas con arquitecturas lamentables, con latas, maderos y grandes cartones cubiertos con plásticos. Sus habitantes son desplazados del pacifico, la mayoría de ellos afrocolombianos. La pobreza reina y la escasez impone sus reglas. Son alrededor de treinta, cuarenta niños entre los 5 y trece años, descalzos, llenos de polvo, con el cabello alborotado, y alegres de tener libros tan coloridos entre sus manos. Uno de los promotores de lectura inicia la programación con una lectura en voz alta. Son lecturas de escritores infantiles y juveniles colombianos, entre cuyas narraciones encontramos flagelos como el secuestro, el hambre, la violencia, la pobreza, pero también lecturas educativas que hablan de sus diez y más derechos, de la alegría, de la amistad y la posibilidad de un mundo mejor, de una nueva Colombia. Luego de una hora de lecturas en voz alta, llevan a cabo actividades lúdicas para el fomento de la lectura desde la calle. Así transcurre otra hora. El fin de la programación. En la Caseta Comunal y la Unidad Recreativa se llevan a cabo otros dos talleres con las mismas actividades, cada grupos de treinta niños. En ocasiones realizan presentaciones teatrales, competencias, Biblioghetto nació por iniciativa de dos jóvenes quienes cansados de ver como su barrio se moría entre la delincuencia y la falta de actividades culturales, decidieron con un par de libros llevar cultura donde no había. “Nos mamamos de que a los pelaos les cobraran por aprender, por jugar, nos cansamos de que no hubiera un encuentro que no significara dinero, de que se les impartiera una cultura comercial de compra y venta. Una juventud educada desde esa filosofía siempre va a estar destinada a la ignominia de un sistema de gobierno capitalista y ciego”. Comenta su director, luego agrega: “A estos pelaos, a estos niños hay que educarlos gratuitamente, hay que brindarles espectáculos culturales donde ellos participen sin poner un solo peso, hay que llevarles las herramientas allá donde viven, donde aman, donde sufren, donde miran al cielo sin esperanzas. Cómo diría Simona Sánchez, recordada por presentar la Sub-30, <a los niños, a los jóvenes, a los adultos, a todos, los talleres de lectura de Biblioghetto les ha servido para darse cuenta que la cultura también educa, no solamente entretiene>.
Inicialmente el proyecto pretendía llevarse a cabo solamente en las esquinas, pero debido a sus frutos hoy cada rincón del barrio Petecuy tiene jornadas de lecturas al barrio. Los hogares infantiles de Bienestar Familiar se han unido a ellos. El gran objetivo de este proyecto es la construcción de la Biblioteca del barrio. Actualmente no cuentan con ningún apoyo, los libros son prestados en la Biblioteca Departamental o en la Red de Bibliotecas Públicas sede San Luis.
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ecena de libros y emprenden el viaje por una ruta que los llevará a distintos lugares del barrio Petecuy.
Llegan a la Unidad Recreativa y allí leen su plan de trabajo. Dos de ellos parten hacia el Jarillón, otros hacia la caseta comunal, otros se quedan en la Unidad Recreativa y uno de ellos va en busca de una esquina donde pueda sembrar tranquilidad y eliminar ese miedo ambiente que la habita.
