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"Como yo escribía en la revista de Andrés Caicedo (…) pensé escribir un artículo sobre la palabreja que me había inventado, que era la "Pornomiseria" ¿Cómo asumir el contacto con una realidad que habían esquematizado? ¿Cómo, sin poder hacer lo mismo, hacer algo, ni siquiera distinto, sino propio?"
Carlos Mayolo,
¿Mamá qué hago?
Pág. 130
Fue Carlos Mayolo en complicidad con Luis Ospina, quienes unieron las palabras Porno y Miseria. Para Sandro Romero la pornomiseria fue un chiste de ambos (Mayolo-Ospina) que terminó convirtiéndose en género, porque durante la época de los 70 algunos directores de cine utilizaron imágenes de extrema pobreza, mendicidad y miseria para lucro propio, buscaban retribuciones económicas y popularidad internacional siéndole ajena tanta adversidad.
Estos directores de cine aprovechaban el silencio y la desgracia de niños, jóvenes y adultos en estado de pobreza, desnudez y hambre, en su recorrido por las calles de las grandes ciudades. Filmaban y filmaban, esto sin trabajos previos ni compromiso con los pobres. En 1978 Ciro Durán realizaría un documental, Gamín, muestra perfecta de pornomiseria. Cómo respuesta Carlos Mayolo y Luis Ospina realizarían “Agarrando Pueblo”, “una película –como explica el mismo Mayolo en su libro Mamá qué hago, pág. 131-, antídoto contra esos cineastas que volvían la miseria parte de la mala conciencia de los europeos. Actué, dirigí, produje y escribí una película desmadrada que, por lo menos, hizo conciencia de la relación filmado y filmador, vacuna a la inconsciencia de asimilar o entender la pobreza, antídoto donde la misma enfermedad se inocula”. Con tomas realizadas en el centro de Cali y Bogotá, Agarrando Pueblo fue un gran intento de despojar de la cinematografía colombiana el estilo tercermundista de la pornomiseria.
En un vistazo al presente nos encontramos con films llenos de narcotráfico, con caseríos atiborrados de pobreza, con personas viviendo bajo los puentes, con protagonistas tirando de su carreta o zorra, con escenas de pobreza en ciudades como Barranquilla, Cali, Medellín y Bogotá, aunque no responden de manera directa a la pornomiseria de los años 70, es una pequeña muestra del paso dejado por ésta en la historia del cine. En el pasado, films como Gamín, compraban espectadores en Europa, hoy podemos ver cómo nuevas películas llenas de sexo, sicariato, venganza y tráfico de drogas, ganan espectadores en latinoamericana y en especial en nuestro país, donde cada vez es más grande el gusto por producciones de este tipo. Un cine vergüenza lleno de demencia en un país sin paz.
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