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Ingrid Brown, viviendo en la música Imprimir E-mail
  
Jueves, 12 de Noviembre de 2009 07:58

 

Era una noche fresca de octubre en la ciudad de Cali, el lugar, un restaurante galería del sector de San Antonio, mi trabajo me había llevado hasta allí para conocer a uno de tantos artistas caleños que muchas personas quisieran ver, pero que no tantos saben de su existencia. Pasadas las 9 pm subió al escenario Ingrid Brown,  acompañada por los integrantes de Kunta Quintet, una primera canción a capela inundó el espacio, una potente voz decía “escúchame” mientras que una interpretación plasmada de sentimiento decía “recuérdame”. No hacían falta más razones para estar allí entre el público…
Ingrid Brown, una joven mujer caleña con ascendencia jamaiquina y una arraigada influencia afro por parte de su familia, considera con modestia que aún le falta mucho camino por recorrer en  cuanto a aprendizaje musical se refiere,  aunque la mayoría de las personas que la ven desde los palcos la consideran ya como una gran artista.
Se inició en la música en el colegio INEM donde estudió saxofón durante varios años, aún después de graduarse seguía llendo a practicar allí, ya que es un instrumento muy costoso y ese era el único lugar donde podía tener acceso a uno;  desde el principio se interesó por el jazz, no por influencia familiar, sino por un gusto particular. Y no fue una decisión fácil optar por el camino de la música, su familia no vio con buenos ojos que quisiera ir por ese lado y esto le marcó un difícil punto de partida.
Fue más adelante cuando inició sus estudios en la Casa de la Cultura de Yumbo, que uno de sus profesores descubrió que tenía aptitudes para el canto (cosa que ella ignoraba),  habilidad que desarrolló posteriormente en el Instituto Popular de Cultura y posteriormente en Bellas Artes.
Ingrid considera que el mundo de la música exige muchos sacrificios y más aún para una mujer.  “La música requiere de mucho tiempo, si quieres ser bueno tienes que dedicarle mucho tiempo, tienes que ser monotemático con eso y pensar que vas a llegar a los 30 y no puedes tener hijos”,  situación que un hombre puede manejar de otras formas;  esto lo pudo evidenciar cuando trabajó en la orquesta La Identidad,  siendo la única mujer entre 14 hombres para quienes resultaba más fácil llevar la vida nocturna que exige la profesión. Esta situación le da un valor agregado al trabajo de las mujeres artistas, ya que siguen un camino que no cualquiera estaría dispuesto a transitar;  según Ingrid  “La música se vuelve tu esposo, tu novio tu hijo, tu pasión, tu trabajo y esa es la forma si quieres ser mucho más que bueno”.
Esta artista con 11 años de trabajo en la música, inspirada por la propia vida con sus altos y bajos, valora a su ciudad como un lugar de aprendizaje pero no le tiene tanta fe como escenario cultural, piensa que “hay muy pocas posibilidades de variedad, si tienes una orquesta de salsa que toque 3 noches en la semana podrías vivir de eso, porque Cali ha adoptado la cultura salsera aunque no es de aquí. En el género del jazz y la fusión siempre se tiene el mismo público que no es mucho”. Desde su punto de vista, mejorar el panorama no es muy difícil, sólo faltaría algo de iniciativa y difusión porque mecanismos hay muchos.
La otra faceta de Ingrid que le ha permitido salir adelante es la de la enseñanza;  actualmente trabaja en la base aérea y dictando clases particulares, ofreciendo una alternativa fresca y amigable a sus alumnos, una guía por el camino musical que ellos quieran seguir realmente;  al preguntarle por cuál de sus dos pasiones (la música o la enseñanza) se decidiría, simplemente responde “no se” ya que ambas le ofrecen muchas cosas agradables que no quisiera dejar de lado.
En su futuro cercano tiene como objetivos claros terminar sus estudios musicales (que paradójicamente han sido aplazados por algunos compromisos de su trabajo en la música), hacer un posgrado y seguir trabajando con dos proyectos, el primero llamado Martina Pombo, una prometedora y completa iniciativa cultural que involucra un grupo multidisciplinario en torno a la música y la investigación, y el segundo Kunta Quintet, un ensamble que nace de la misma Ingrid y que ha funcionado desde hace algunos meses en pequeños escenarios como en el que me encontraba esa noche de octubre en la ciudad de Cali.
De su garganta surgió bossa nova, jazz, fusión e incluso pasó navegando por allí La Piragua, nuestra querida pieza de música colombiana con tintes de otros ritmos que no suelen cruzarse muy seguido. Un corto espectáculo que uno quisiera hacer llegar a muchas más personas que las que asistieron esa noche.     
 

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