|
Cuando la globalización alcanzó a los aficionados del anime, nos encontramos con un panorama muy diferente al cual nos habíamos enfrentado. Este fenómeno acompañado de la llegada de internet, principal ente globalizador y difusor del pensamiento y las culturas, nos tendió un abanico divergente, donde la extensa producción albergaba más series mediocres y de baja calidad en comparación a las grandes obras que nos llegaron en antaño. Esto no significa que estas obras no existieran antes y que el pecado de lo banal no estuviera en las producciones Japonesas de Anime, el hambre y el deseo de consumo permitió que a su vez se encontraran accesibles las series que nunca pudimos ver en su momento.
Pero hoy nos encontramos con un panorama cada vez más congestionado de series y estudios que en su afán de producir, no cuidan su calidad, el nivel de consumo de los aficionados es desmedido en algunos casos, encumbrando series que no valen todo el mérito adjudicado y minimizando aquellas series que por su escaso “éxito” comercial las condenan junto con todas aquellas futuras y emergentes obras de gran sentido.
En este panorama empiezan a formarse hombres de ímpetu inquebrantable como es Yasuhiro Yoshiura, quien es lo que podríamos llamar hombre orquesta, que junto con grandes legados como el de Koji Morimoto y Makoto Shinkai, crean el guión, producen, animan, hacen el diseño de personajes e incluso colocan su voz para su obra.
Es así como encontramos a Pale Cocoon, un trabajo completamente intimista y nunca mejor dicho, una obra de autor. En su propio estudio de animación Yoshiura contó con la ayuda de Thoru Okada en la Música y Kazumi Ohkubo en el sonido, su trabajo impecable con diseños y animación de personajes hechos a lápiz y fondos en 3DCG integran perfectamente dentro de la narrativa y movimiento de la historia.
Como es obvio, la humanidad acabará con el planeta y vivirá refugiada en colonias artificiales bajo la superficie. Durante mucho tiempo la humanidad perderá su identidad y es así como las futuras generaciones desconocerán su pasado y cómo fue el mundo antes de las colonias. Por esta causa se crea la sección 92, llamada el departamento de excavación de archivos, dedicada exclusivamente a la recuperación de los datos almacenados durante mucho tiempo en los servidores y los cuales se encuentran en mal estado.
El departamento en si resulta ser una gran fuente de tristeza para la sociedad, donde reviven el dolor por lo perdido y deciden poco a poco olvidarlo. Ura es uno de los pocos que aún permanecen en el departamento, decidido a descubrir la historia, tal vez nuestra futura historia, avanza tenazmente en la búsqueda de los datos que permitan a la sociedad retornar a la superficie.
La historia se centra en dos puntos de vista perfectamente manejados, la de Ura quien desea recuperar la memoria de la humanidad y la de Riko quien sólo desea vivir en paz en el ahora y sobrevivir para el futuro, ambos válidos a su manera con las nuevas filosofía de sólo vivir el ahora, pero eso nos deja sin pasado y condenan el futuro.
El concepto post apocalíptico es muy bien manejado en un ambiente depresivo, donde el único atisbo de luz o alegría proviene de los archivos extraídos. La tecnología y el diseño de arte empleado combina muy bien el aire tecnológico industrializado y la sensación de soledad se hace latente conforme avanza la historia.
Mención especial es la canción Aoi Tamago de Little Moa, quien junto con su hermosa voz nos conduce a través de solitarios pasillos y frías escaleras hasta su desenlace.
Una obra increíblemente rica y de grandes connotaciones, teniendo en cuenta que es el trabajo de un solo hombre.
“Nuestro presente es el edén del futuro”
|