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En los 80`s el despertar de una consciencia por el cuidado del medio ambiente prendió las alarmas en todo el mundo y se convirtió en slogan tanto de empresas como de personas en su afán de estar a la vanguardia. El medioambiente se convirtió en el último grito de moda.
Surgieron entonces medios especializados; revistas, programas de radio, magazines televisivos y columnas en los diarios, que repetían fórmulas para salvar al planeta y el idioma se cargó de términos como: sostenible, sustentable, reciclaje entre otros, convirtiéndose en todo un discurso volcado en moda.
Las vitrinas se inundaron de camisetas, manillas, aretes y cuanto accesorio fuese posible con delfines –ícono máximo del boom ecológico-, flores y cuanto mensaje se atravesara con tal de demostrar que se estaba a la moda con aquello del medioambiente. Sin embargo, los hábitos no se modificaron, las personas seguían las mismas conductas dañinas aún cuando se les veía cargados de accesorios que gritaban luchar por nuestro planeta.
Hoy, iniciando el 2010, el tema de moda es la cultura.
Cali, una ciudad abrigada por el ritmo de la salsa, colmó su afán de identidad cuando parecía verse minimizada a un tema de baile. Al parecer nadie tomaba en serio a los caleños, ni a la ciudad por estar de rumba. Esto sumado a la injusta asociación que se le dio a la salsa con los episodios protagonizados durante el auge del narcotráfico, que nos hicieron resignificar la vida nocturna caleña, convirtiendo en reto ya no ser diestro en el baile, sino salir ileso de las discotecas.
Sí, ahora y sobre todo después del 2009, en Cali la cultura se puso de moda, pues durante todo el año pasado nos hicieron sentir que asistíamos a una apertura de múltiples eventos culturales en la ciudad; festival tras festival parecían trastocarse, a tal punto que las personas ya ni sabían a cuál de tanto evento asistir, hasta dejar a la ciudad embriagada en una sensación de riqueza cultural inminente.
La pregunta no puede ser más obvia: ¿Estamos asistiendo realmente a una recuperación de nuestros valores culturales, o es simplemente un “boom” comercial de moda como el que vivimos en los 80`s?
Hace unos días veía a un grupo de 10 personas caminando por las calles de San Antonio, disfrazados de figuras endemoniadas, y pensé en la particularidad del barrio que alberga a la comunidad más grande de artistas y sobre todo de gestores culturales de Cali.
Pensé que la palabra bohemia ya no era sólo símbolo de marginados que no saben cómo buscar musas en las esquinas del barrio, bebiendo a sorbos las famosas “tertulias”, que no son sino las trilladas quejas hacia el gobierno de turno, y que la libertad de expresión ya no venía contenida en este aroma a marihuana que inunda cada rincón del barrio.
Sí, pensé en esa recuperación cultural, y creí ser injusta al sospechar de cada iniciativa de este corte.
Endemoniadamente impotente me sentí cuando descubrí accidentalmente, que este grupo de personas había recibido cerca de 46.000 salarios mínimos tan sólo por salir disfrazados y hacer una murga con tambores durante 2 horas en la colina.
Yo, me sentí estafada porque estoy segura de que ese dinero no salió del bolsillo del que giró el cheque en la entidad que promueve las iniciativas culturales en la ciudad, sino del mío, del suyo… y no sé usted, pero yo considero que existen propuestas más elaboradas, responsables, respetuosas y comprometidas a las que los contribuyentes estaríamos dispuestos a apoyar sin duda alguna.
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