Camilo Acevedo Salcedo
Debo decir antes que nada, que nunca se sabe cuán difícil es hablar de sí mismo sin llegar al error de caer en la vanagloria y la auto adulación, me excusan si de casualidad lo hago.
Mi nombre es Camilo Acevedo Salcedo, debo nombrar el apellido de mi madre pues gracias a ella logré un día ser humano, el humano que soy. Bien diría que la mayor parte de mi vida la cual cursa ya los treinta y tantos, la he dedicado al cultivo de las artes dentro del marco de la literatura y el cine. Una admiración especial en mí va dirigida hacia el género del terror y el suspenso, debo decir que las sensaciones que transmite una película bien producida o una narración bien encaminada son indescriptibles. El instinto de supervivencia prima siempre en el ser humano y pensar por un segundo en perder la vida de la manera más terrible y quizás dolorosa es algo que nos impresiona.
Nací el 19 de agosto de 1976 en Yumbo (Valle), tengo un acento valluno marcado y a pesar de que me caractericé siempre por ser una persona solitaria hoy en
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día tengo amigos en casi toda la ciudad, ya saben, por esto de la cultura. Realicé mi primaria en el Colegio Parroquial San Francisco Javier en Yumbo y no es raro decir que es aquí, en las escuelas, donde uno se inicia en el mundo de las historias de sacerdotes sin cabeza que caminan por los corredores y niños que mueren en los baños dejando sus almas deambulando en soledad y presentándose a los que capan clase.
Me inicié en las letras, como muchos, con poemas sobre hojas de cuaderno en medio de una clase cualquiera.
Hace varios años que tome una de esas decisiones que cambian la vida, soy casado, casado con una gran mujer la cual tiene nombre de brisa nocturna, de destello de cometas y estrellas fugaces, se llama Rocío, es el bastón sobre el que reposan todas mis aspiraciones.
Soy amante empedernido de la música Clásica, he cultivado un amor profundo por la Guitarra y en ocasiones ofrezco recitales de guitarra clásica en mi ciudad.
Debo agradecer a mis padres y a mi abuela el interés que siempre cultivaron en mí por la cultura y por las ramas del arte y confío en que el cuento que tienen en sus manos logre erizar cada uno de sus cabellos.
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