José Alejandro Osorio Orozco
Lo más difícil que he tenido que escribir está ante sus ojos. Les pido queridos lectores que sean pacientes, ya que no es fácil hablar de uno mismo sin parecer idiota o pedante.
Nací el 19 de mayo de 1976 (un miércoles en la tarde, según me dice mi madre) en una casa humilde pero rodeado del amor de mis padres y hermanos. A causa de mis constantes travesuras, mi madre se dedicó a enseñarme a leer y escribir -cosa que aún no he acabado de agradecerle-. Mi infancia fue tan feliz como era posible, hasta que la muerte de Carlos, el mayor de mis hermanos, en un absurdo accidente de tránsito, golpeó sin compasión a mi familia.
Seguí creciendo como un niño solitario que tenía temor de los niños más grandes y odiando los deportes porque era algo que los demás amaban; debido a eso, me dediqué a llenarme la cabeza con la televisión y los libros. Mi hermano Daniel se dedicó a sus estudios de medicina y a convertirme en el amante de las artes y las letras que soy ahora. Cursé mis estudios secundarios con escaso interés, cambié de carrera y de trabajo en varias ocasiones sin poder hallar mi rumbo en la vida, hasta que finalmente me dediqué a ayudar a otros que como yo deambulaban por el camino de su propia formación, convirtiéndome en docente de inglés.
Por ser profesor no dejé de ser el niño rebelde y travieso al que me referí anteriormente, cosa que me ha costado el puesto en más de una ocasión. He
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tratado de convertir mis clases en un viaje que despierte la curiosidad de mis pupilos y mostrarles que el mundo es más de lo que ven en televisión e Internet.
Finalmente puedo decir de mí mismo que soy un triunfador porque he vivido la vida a mi gusto, usando cada uno de mis sentidos a cada paso y compartiendo cada instante con la gente que amo. Mi existencia es un premio que comparto con el amor de mi vida, una mujer que ama a los animales y a la naturaleza tanto o más que yo, que comprende mi extraña forma de ser y me acompaña en cada viaje que emprendo.
Así, queridos lectores, espero entregarles más de mí mismo, que mis historias puedan ponerles los pelos de punta y hacerles saltar el corazón con la misma emoción con la que yo las escribo.
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